Cuando
era una niña de cinco o seis años, y los adultos en mi vida me preguntaron, “¿Qué
quieres hacer cuando eres una adulta?”
Les respondí, con fuerza, “¡Una veterinaria, claro!” Y por años y años, esto fue mi plan. Cuando entré en la escuela secundaria, me
cambié mi mente por mi participación y amor para los deportes. Durante mi penúltima año, decidí que quería ser
un entrenadora atlética y cuida para las heridas de los atletas.
Continué
tomar clases de ciencia como la biología y la química para prepararme para una
carrera en un campo científico. Sin
embargo, para cumplir mis requisitos de un lenguaje extranjero, tomé clases de
español también. Me encantó tanto la
lengua que decidí estudiarla en la universidad.
Otro dato: mi madre siempre quería que sea una enfermera, como
ella. Pero decidí por yo misma estudiar
el español. Encontré un problema, sin
embargo, cuando no pude cumplir las clases avanzadas de español con una nota suficiente. Durante el próximo año, cambié mi mente otra
vez y estudié el desarrollo de los niños, pero no lo gustó también. Otra vez, cambié mis planes y empecé a
estudiar mi plan segundo, para ser una entrenadora atlética. Pero unos meses después, me di cuento de que
podría ganar dos licenciaturas en solo un semestre más si cumpliría mi plan de
español y luego me matricularía en un programa de enfermera acelerado. Además, podría ganar empleado en cualquier
lugar que desee por mi capacidad de hablar español y ser una enfermera. Me gradúo en el diciembre y espero
matricularme en el programa de enfermera en el mayo de 2013 – ¡y no voy a
cambiar mi mente otra vez!
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