1.19.2012

¡Mentiras!

Cuando tenía aproximadamente seis años, descubrí que no hay un Viejito Pascuero. Cada navidad, yo y mis tres hermanos mayores teníamos que sentarnos en el parte superior de las escaleras hasta que mi padre encendió las luces en el árbol. Me despertó, me arrastré a las escaleras, y busqué para las luces, pero no las vi. Pero pude oír alguien cocinando en la cocina. Con mucho cuidado y muy silenciosamente, fui abajo para echar una mirada al árbol. ¡Pero no había regalos! Traté de evitar el pánico. Otra vez, con cuidado y muy silenciosamente, fui arriba y miré en la sala de mis padres. Mi padre estaba en su cama, pero mi mamá no estaba allí. Adiviné que ella estaba en la cocina, haciendo el desayuno. Pero los regalos…¿Dónde están? Volví a mi cama y esperé, pensando.

Cuando oí mis hermanos en el vestíbulo, me levantó otra vez y fui juntarme con ellos. Me pregunté mi hermano favorito, Andy: “Hermano…¿no hay un Viejito Pascuero?” Y mi hermano, simpático y suave, me dijo: “No, hermana. Lo siento. Ha sido mamá y papá todo su vida.” Recuerdo yendo al árbol un poco triste, y sido más triste cuando vi “A: Allison; DE: Viejito Pascuero” en mis regalos. “Pero no hay Santa Claus,” pensé. “¿Por qué las mentiras? ¿Si no hay un Viejito Pascuero, por qué me dijeron mis padres que hay?” Era un poco devastada. Por eso, no voy a decir a mis hijos que hay un Viejito Pascuero. Pienso que no es una buena idea contar mentiras a nuestras niños. Y preguntamos por qué los niños mienten…

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